Buses

Solia escribir. No mucho, lo reconozco, en parte por mi recurrente incapacidad para reunir todo lo escrito (tan disperso! e, ironicamente, abundante!), en parte por que nunca estuve del todo comodo dedicando el tiempo que sobraba de esclavizarme a una pantalla a… bueno, esclavizarme delante de la misma pantalla, haciendo otra cosa. Pero tambien por que, a menudo, no sabia que decir. Es ironico eh? tener literalmente pilas de papel cubierto apresuradamente con el pensamiento “ya lo escribire mejor mas tarde” siempre presente, y tantos archivos de texto guardados con la urgencia del “le dare forma cuando tenga tiempo” pero encontrarse con el momento, y quedarse en blanco.

O, quizas, es precisamente por eso: Como cuando, al hablar, la increible candidad de cosas de las que normalmente echo mano en una conversacion anodina se desvanece al presentarse, por fin, una deseada ocasion para conversar. En algun lugar de mi cabeza, mi ya diluída capacidad para apilar palabras (o melodias, o imagenes,…para comunicarme) se destruye como el papel en esas maquinas de oficina que lo devuelven hecho un cristo de lineas cortadas y confeti.

A veces pienso que quizas sea por que realmente, no tengo mucho que decirle a nadie; que en el fondo, soy un tipo aun mas aburrido que en la superficie.

O puede que sea el cariz de obligacion lo que me inquieta. Esa sensacion de tener que cargar con el peso de iniciar un discurso cuando todo lo que quiero realmente, es sentarme y escuchar. Pero a menudo, hay que luchar por cada apice de informacion como si fuera un diamante en bruto en una mina. En cierto sentido creo que lo es, y claro, ahi reside todo mi fracaso a resistirme, y toda la inevitavilidad de mi condena.

Pero para que. Para que tanto esfuerzo en obtener informacion, si , tan a menudo, la olvido o la pierdo poco menos que segun entra, si es que presto atencion. Para que almacenar tanta informacion en la piscina de las reminescencias que baña mi consciencia si cuando quiero ponerme a pescar, ya no digo ideas, sino simples palabras!(el nombre de aquel objeto, de aquel libro,de aquella cafeteria, de aquella chica que me dio un cigarrillo en un bar para que la recordara, de aquel negro de algun pais tambien olvidado que me regalo el elefante de falso jade por las fotos que le regale para que pudiera mandar a su familia…) se me escurren entre los dedos. Estare, realmente, abarcando mucho mas de lo que mi cabeza es capaz de sostener? Eso sin duda, me condinaria mas o menos a la vida de sisifo(era ese su nombre?), levantando eternamente de cero la puñetera piedra CADA VEZ. Que es basicamente lo que hago, a decir verdad, lo que podria ser una pista de que deberia dejar de intentar…cualquier cosa, y dedicarme a plantar patatas.

Pero luego esta la esperanza, el recuerdo de que no siempre fue asi. De que hubo un tiempo en que realmente recordaba cosas. El releer guiones olvidados salidos de alguna parte de mi que no soy yo. Y los ocasionales momentos en que casi vislumbro la clase de hombre que podria ser, que a veces, aun soy, a pesar de mi desganada autodestruccion.

Hay algo extrañamente reconfortante y triste en no saber si hago lo que hago por que no puedo evitarlo, o por que, precisamente, evito hacer otra cosa. Un poco como la idea de destino, que a menudo alcanza a los personajes de ficcion precisamente por correr en direccion contraria. Lo triste, es que yo, no se que direccion llevaba de entrada, ni cual llevo(ni que hago, tan a menudo), asique seria mas bien como si el destino alcanzara a un pato descabezado que se mueve erraticamente llenandolo todo de la sangre que le sale a borbotones de un modo mas o menos igual de erratico. blup. Blup blup. Ahora nada. Pasito pasito. Blup.

Algo que es, por cierto, extrañamente complicado.

Pero incluso eso, no es lo que me quita el sueño por las noches. Lo realmente inquietante, es empezar a considerar que, ya llevo una larga temporada en ese estadío mental que aboca mi vida a una muerte patetica en alguna calle fria o carretera calurosa(en mi cabeza, todas mis muertes son horribles, de algun modo,se me hace raro que el universo me conceda una muerte que no lo sea. Y por supuesto, todas las calles son frias y todas las carreteras calurosas, por que siempre lo han sido en todos mis viajes cuando, perdido en mitad de la nada en el lugar de turno, he reflexionado sobre lo horrible que es morir asi)<br />Lo inquietante es considerar que quizas esto sea mi cota superior, y de aqui en adelante todo sea aun mas caida libre, hasta estamparme, espero almenos que de un modo pintoresco, contra el suelo.

Lo preocupante, es que creo que realmente, a veces lo deseo, e incluso lo prefiero al supuesto contrario, que de hecho, haga algo razonablemente decente de mi vida,porque vivir, tan a menudo, se me antoja infinitamente cansado y futil.

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